|
Domingo, 27 de Noviembre de 2011 10:02 |
|
Me ha dado casi tan fuerte como hace veinticinco años, cuando comencé a plantear la tesis sobre alguno de los pintores altoaragoneses del periodo entre los siglos XIX y XX, que acabó siendo Martín Coronas. Ahora con los que vivieron la mayor parte de su biografía el XIX, es decir, en León Abadías y, sobre todo, en Valentín Carerera. Ayer estuve en el Museo del Romanticismo, en el de Cerralbo (que no sé muy bien como habría que definirlo, mejor visitarlo) y en alguno de los domicilios de los descendientes de Valentín Carderera. Y me llevé los ojos llenos de docenas de imágenes y la cabeza llena de ideas para la investigación que decidí emprender hace un par de semanas, cuando pronuncié la lección inaugural de curso de las Academias aragonesas y protesté lo mal que me parecía se ha tratado la pintura de Carderera.
Pero la sorpresa mayor fueron dos acuarelas de ninguno de los pintores en los que trabajo ahora mismo. La primera esta casa Carderera en Huesca que, supongo, hará pensar a la mayoría lo absurdo de la decisión de derribarla para construir un bloque de pisos anodino y sin ninguna clase de interés. Además del asunto, la realización de Félix Lafuente. La demostración de que sus estudios en la Esciuela de Artes de Madrid fueron como pintor escenógrafo, que es como firmaba los ejerecicios de clase. No solo por el concepto sino por la manera de ejecutar la acuarela.
.

.
|