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| Martes, 26 de Octubre de 2010 11:52 | |||||
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El texto que comienzo deberá ir necesariamente en color empanadico dado que, pese a parecer un comentario sobre la imagen de la catedral de Huesca, es en realidad una crítica de arte y, hasta el final de mes al menos, sigo siendo el presidente de la AECA (Asociación Española de Críticos de Arte) además de seguir perteneciendo a la AECA a partir del día uno aunque sea como asociado de a pie.
Hablando de compartir, no solo comparto con Beulas el espacio del tablón de La Casa del Pintor en la que aparecen los carteles de la exposiciones que ahora mismo mantenemos abiertas. Hace unos días el pintor entregó un cuadro al Museo Diocesano. Se trataba de un tema habitual en su iconografía y muy apropiado si se considera el espacio que pasará a ocupar. Me pidieron que escribiera un texto y lo hice. Es este
LAS CATEDRALES DE BEULAS Cuando Beulas consigue la beca Roma, que le lleva a la Academia Española en la ciudad eterna hasta el año 1960, ya tiene consolidado un imaginario que aparecerá reiteradamente en su producción. Los quebrados paisajes del somontano oscense, los sotos de los alrededores de la ciudad de Huesca y, sobre todo, su casco urbano son los esquemas que estructuran su trabajo como pintor. Pese a que las ciudades italianas, que conoce en esos años, ofrecen estampas más sugerentes por la riqueza de su arquitectura y su estado de conservación, los temas urbanos de Huesca siguen apareciendo en la pintura de Beulas aunque, con el paso de los años, se verán reducidos progresivamente a la seo oscense. El entorno y sobre todo la fachada de la catedral de Huesca han sido uno de los ejercicios de pintura habituales en el estudio de José Beulas a lo largo de su trayectoria. Ya en 1950, cuando por primera vez Salvador María de Ayerbe habla de la pintura de José Beulas en el n.º 2 de la revista Argensola, ilustra su artículo con una calle de Palacio, uno de cuyos límites es el muro catedralicio. El año siguiente una panorámica de la ciudad que se reduce a la silueta de la catedral y las torres del ayuntamiento es la elegida por el académico como motivo para la ilustración de su nuevo artículo sobre el pintor selvatano afincado en la ciudad. Cuando entre el 68 y el 70 Beulas inicia su aventura americana en Nueva York y Washington la catedral sigue siendo uno de sus temas preferidos y la imagern de la catedral de Huesca aparece en la mayoría de los catálogos editados con motivo de las exposiciones del pintor. A ese momento pertenece la pieza que ahora el pintor cede al Museo Diocesano y que adquirió en una subasta algunos años después de haber salido de su estudio. Un pieza en la que la solidez de la imagen es trabajada con espectaculares efectos de luz. Desaparecida la verja de las primeras interpretaciones trazadas por Beulas, la pintura juega con los abundantes volúmenes que ofrecía la fachada usando, como es habitual, una especie de regla de oro que ha marcado toda su trayectoria pictórica: “el cuadro, me decía en una ocasión, debe de estar entonado de arriba abajo”. Este es un buen ejemplo, sin duda. Fernando Alvira. Presidente de la Asociación Española de Críticos de Arte (AECA) .
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