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Jueves, 27 de Octubre de 2011 19:24 |
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Es más que probable que a una parte de los que soportaron la lección inaugural del curso de las Academias aragonesas en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza les sonaran mis palabras como una especie de lamentación de Jeremías por los olvidos que los investigadores han tenido con algunos de los artistas del Alto Aragón. No se trataba de eso y para dejar claro que una cosa es predicar y otra dar trigo, hoy mismo he comenzado a investigar la pintura de Valentín Carderera y voy a seguir con la de León Abadías que, aunque menos longevo, desarrolló toda su biografía en el siglo XIX.
Voy a intentar catalogar la mayor cantidad de obra de ambos y hacer un análisis crítico de su pintura en los próximos meses ( o años). Como decía ayer, el análisis de una de las piezas de Carderera que se conservan en Huesca y que pude ver en casa de un amigo, desaparecido lamentablemente hace unas semanas, me hizo caer en la cuenta de su valor como retratista.
Pues lo dicho, como una cosa es predicar (lo que hice ayer) a partir de hoy voy a intentar dar trigo.
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Jueves, 29 de Septiembre de 2011 16:50 |
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En la página 6 del cuadernillo de Artes y Letras de Heraldo de Aragón de hoy aparece una crítica de mi exposición en Barbastro. Que no sería especialmente reseñable, como indico en el titular, dado que es la página en la que aparecen las críticas de exposiciones habitualmente.
Lo especial de este comentario que reproduzco en color empanadico, como todas las críticas propias o ajenas, es la firma.
Todo el mundo sabe que el decano de los críticos de Aragón, Ángel Azpeitia, dejó de firmar hace algunos meses (más de los deseables) por enfermedad. Por ello, a punto de cumplirse la fecha en la que pasará a ser el crítico español, seguramente el único, que ha firmado crítica de arte durante cincuenta años en el mismo medio de comunicación, la aparición de este comentario me parece doblemente reseñable en esta página.
Porque supone, por un lado, la vuelta del maestro de los críticos aragoneses a su trabajo y porque, por otro, ha elegido mi exposición para hacerlo. Que medie una larga amistad no me hace sentir menos satisfecho -más bien todo lo contrario- de esta vuelta a los ruedos de la crítica de arte por parte de Ángel Azpeitia. Una vuelta que deseo sea larga y fructífera para los trabajadores de cualquiera de las artes y para los compañeros en el oficio del comentario artístico.
PINTURA. EL ARTISTA, VIAJERO Y PROFESOR EXPONE SUS PAISAJES EN BARBASTRO
Los "Somontanos" de Fernando Alvira
La exposición que Fernando Alvira Banzo presenta en la UNED de Barbastro asume, como el título sugiere, un elemento temático. Pero bien sabe su propio autor que la descripción no lo es todo en el mundo de la pintura, donde se ha de valorar tanto lo que se dice como el modo de decirlo, es decir los procedimientos y sus pautas de uso. En el ajuste de los distintos niveles -de concepto, argumentales y técnicos- reside precisamente la calidad de una obra. En este caso, propuesto como una pequeña antología, puesto que incluye datas desde 1968 hasta el momento actual, hay un sólido concepto, con aportaciones de gran interés, que desarrolla a través de no poca variedad de medios y facturas, entre las que se incluye grados de toque y hasta de colorido. Ambos marchan en general hacia más libre y más intenso.
También hay un panorama abierto de concepciones, que refleja la polifacética personalidad de Fernando Alvira: pintor, crítico, profesor, académico y gestor cultural, entre otras cosas pero ahora, en un espacio breve, no aludiré a los ecos de estilísticas históricas, con todo un progreso de lo impresionista y sus efectos instantáneos al expresionismo con su impacto emotivo. Solamente me detendré, a manera de ejemplo, en una propuesta reciente que me atrae por su modernidad. Me refiero a lo que llama "paisajes viajados". Lo remitiría al término "Aerial art " que en una de sus acepciones designa el arte que traduce la nueva perspectiva proporcionada por el viaje aéreo, como el de un avión. Podríamos llamarlo "Car art". Además de nuevos puntos de vista implica un cambio en la rapidez de percepción. Nuevo hallazgo de tan rica y valiosa trayectoria. ANGEL AZPEITIA.
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Esta es la acuarela que sirvió de modelo al óleo que aparece en el Heraldo .
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Martes, 27 de Septiembre de 2011 19:09 |
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Les suelo decir a los estudiantes en clase que esta página, aparte servirles para trabajar la asignatura, es fundamentalmente una página de autor. En la que los visitantes pueden ver mis dibujos y pinturas y leer mi trayectoria expositiva y algunas críticas (las buenas, claro; las otras que se las ingenie cada cual...).
Virginia Baig ha escrito el texto del catálogo y también éste que aparecerá a finales de semana en la revista número 16 de AACAdigital que es el órgano oficial de la Asociación Aragonesa de Críticos de Arte. Dice así:
FERNANDO ALVIRA. PAISAJE Y PERCEPCIÓN
Interesante y sugerente la exposición del artista Fernando Alvira, presentada bajo el epígrafe Somontanos, que puede visitarse durante estos días en la sala de exposiciones del centro de la UNED de Barbastro. Una muestra que reúne una treintena de obras, desde sus inicios en la década de 1960, un período en que el autor destaca por la búsqueda de su propio estilo, hasta el presente año 2011.
El largo itinerario creativo de Fernando Alvira, inscrito en la sensibilidad romántica, es un ejemplo de trabajo y de persistencia en la búsqueda de una visión personal del paisaje a través de un lenguaje consistente y sólido. Sus grandes narraciones pictóricas, centradas en los paisajes del Somontano, tema por el que demuestra una especial preferencia, van más allá de las meras referencias naturalistas y de la simple representación anecdótica. Extrae de la realidad lo que le interesa construyendo un ideario sensible y visionario. Es pues el paisaje de los campos del Somontano o el entorno natural en general, una de las motivaciones esenciales de su obra. Este aparece constantemente recreado a través de diferentes técnicas como la acuarela, el óleo y el acrílico, con un estilo que se desliza desde la figuración con efectos impresionistas, hasta un expresionismo figurativo, marcando diferentes etapas en la evolución de su trabajo.
De esta forma el artista crea su peculiar lenguaje plástico, en el que están presentes: la intensidad de las gamas cromáticas, la pincelada suelta, la mancha, la preocupación por la luz; así como la diversidad de texturas creadas con múltiples recursos, con una gran limpieza de color y notable técnica. Una coreografía de imágenes y de crónicas visuales fundamentadas en la belleza de lo esencial y en el terreno de lo fugaz. La libertad con que se enfrenta a su trabajo y la aguda visión de la realidad, salpicada de una dosis de lirismo, resumen su discurso. Una narración en donde la emoción, la reflexión y la sensualidad, conviven serenamente, formando un poemario de intenso cromatismo y gran belleza visual.
Fernando Alvira no solo nos transmite un catálogo de temas del Altoaragón, sino también la inquietud estética que le lleva a cartografiar poéticamente su provincia, con una imagen profunda que sintetiza un territorio marcado por la sensación de aislamiento, de distancia, y que de algún modo define el carácter del hombre de esta provincia. Como se sugería anteriormente, su obra, sin ser ajena a una concepción naturalista, deriva de procesos internos y recuerdos, de su mundo íntimo. De este modo el artista nos comunica sus experiencias con el paisaje, sus diferentes estados de ánimo, y nos regala fugaces sensaciones e ideas que llevan la firma de la reflexión y la intensidad.
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Viernes, 17 de Junio de 2011 05:39 |
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Hace tiempo que no escribo crítica de arte (pese a seguir siendo en funciones presidente de la AECA). Hoy me parece un buen día para retomar el comentario sobre el arte contemporáneo ya que ayer asistí a la inauguración de la exposición Botánica after Humboldt en la Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid.
Es la misma que ocupó el espacio de CDAN hace unas semanas y conjuga arte y naturaleza a través de las fotografías y los grabados de uno de sus elementos fundamentales: las plantas. Seis fotógrafos: Armengol, Baraya, Fontcuberta, Martínez, Navarro (académico electo de la Academia Aragonesa de Bellas Artes) y Urriós, cuyas imágenes se ven complementadas con algunos grabados originales que se encuentran en los archivos y colecciones de de la Calcografía Nacional, cuyo espacio acoge en esta ocasión la muestra, dentro de ese edificio cuidado y precioso sede de la de San Fernando.
La modernidad resultante de esa crasis entre fotografías que parecen grabados y grabados que parecen fotografías convierte las salas de la Calcografía en un espacio absolutamente actual e integrado en toda esa esa colección de muestras fotográficas que han tomado muchos de los espacios expositivos de Madrid estas semanas.
Quisiera abundar en el hecho de que esta muestra ha sido posible por el trabajo bien programado desde el Centro de Arte y Naturaleza de Huesca que esta vez se apoya en Acción Cultural Española lo que posibilitará itinerancias posteriores e internacionales de la colección.
Como recordaba Teresa Luesma en la inauguración, la presencia de Beulas sesenta y cinco años después del comienzo de su carrera de pintor en la Academia de San Fernando para la que fue becado por nuestra ciudad, esta vez a través de su Fundación, resultaba una coincidencia reseñable. La exposición no goza en esta ocasión de la opulencia espacial con la que contaba en el CDAN pero como recordaba Antonio Bonet el espacio que acoge la muestra es fábrica del siglo XVIII, momento en que se añaden nuevas expediciones científicas que estudiarían la fauna y la flora de cada rincón de la superficie del planeta.
Arte y naturaleza se me antoja un binomio que actúa de caldo de cultivo exquisito para la realización de actividades artísticas contemporáneas. Como las que se programan con acierto anualmente en el CDAN: un espacio que, incluso a falta de su conclusión como edificio, cuenta con un proyecto que se demuestra exportable a cualquier parte. De momento Madrid pero esta exposición itinerará, con toda probabilidad a Santiago de Chile y a la Academia Española de Roma (otro de los puntos de encuentro con el promotor del espacio de arte contemporáneo oscense). Los proyectos del CDAN alcanzan una dimensión digna de consideración.
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Sábado, 19 de Febrero de 2011 09:58 |
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No suelo firmar los artículos ya que se sobreentiende que si están en esta página, los suscribo....
Una especie de manifiesto
Fernando Alvira
La obra bien hecha: eso es arte (y que me perdone Duchamp). Otro asunto es desarrollar esa sencilla frase. Pero hay algo que, suele decirse, coloca a las cosas en su sitio: el paso del tiempo. Que puede hacer que un urinario se convierta en arte, en obra bien hecha, de acuerdo, (pero solo uno, no un ciento; y de urinarios creo que el arte anda sobrado desde el maestro francés-norteamericano)
He dado varias vueltas por ARCO y una sola por media docena de espacios más, de las docenas que estos días ofrece Madrid (un auténtico exceso). De la feria de arte contemporáneo me llevo de nuevo la sensación de que quienes manejan el arte actual lo hacen sin tener para nada en cuenta la necesidad de demostrar que lo que se presenta en la feria es, efectivamente, una obra de arte, algo bien hecho.
No pueden hacerlo, simplemente, porque a las obras recién salidas del estudio, o del ordenador, o de la cámara fotográfica solo puede aportarles su auténtico valor el paso del tiempo. Hay mucho rey desnudo en este asunto. Muy bien fundamentado, presentado, traído y llevado por los modernos curadores y por los críticos sobrecogedores, que avalan lo que haga falta, pero finalmente, desnudo.
Por eso, cuando he entrado en stands como el de Carreras Múgica, pongamos por caso, y he encontrado esculturas y dibujos de Eduardo Chillida, o en Miguel Marcos para toparme con dos poemas visuales de Joan Brossa, o en la parisina Lelong donde se podía adquirir obra gráfica de Tàpies, Miró o Antonio Saura, me ha dado la sensación de que estaba en una feria del arte que se ha desarrollado durante (contemporáneo a mi) trayectoria vital. Tanto o más que cuando he visitado la colección magnífica de fotografía que ha presentado La Fábrica, espina dorsal de FhotoEspaña, he contemplado las últimas piezas circulares de Juan Genovés (eternamente contemporáneo, pese a haber superado los ochenta felizmente) en Marlborough, o he contemplado ese trapo rojo colgado, como definió la obra de Ángela de la Cruz la joven periodista de Radio Nacional con la que conversé a intervalos, con interrupciones de príncipes, y escasa fortuna.
El arte que emplea las imágenes visuales para expresarse, corre los mismos peligros que el que emplea la palabra: alejarse progresivamente del posible espectador-mirador-lector para encerrarse en sí mismo y purificarse hasta extremos que resultan incomprensibles para el que lo convierte de verdad en arte, es decir, el que espera-mira-lee. Es por eso que, desde hace tiempo (concretamente desde el Congreso de la Asociación Española de Críticos de Arte de La Coruña), ando dando vueltas a la idea que defendí en la mesa redonda que moderaba Pedro Sancristóval y Murúa: Siempre debería existir un sector de la crítica que se dedicara a introducir a los nuevos en el camino del arte.
Estoy hablando, en efecto, de una didáctica de la crítica de arte . Casi no se nota de dónde vengo, ¿no?
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El presidente (en funciones) de la AECA, que suscribe, en el acto de entrega del premio a Juan Genovés como mejor pintor español en la feria ARCO, a los responsables de su sala de siempre, Marlborough .
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Viernes, 18 de Febrero de 2011 08:09 |
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La página llegará hoy a las 150.000 entradas, contadas desde finales de noviembre del 2008. Para celebrarlo, un rincón de ARCO2011 y una pequeña reflexión sobre la feria.
Una de las tres figuras de la pieza no es propiedad de la galería que la presenta. Al babeante informador que casi no se ve desde esta perspectiva, que traslada al atento sentado cualquier chisme probablemente falso, le faltaba solo alguien que dejara constancia de su valerosa acción. Es un poco la demostración de que la obra de arte no se completa hasta que no aparece el espectador. Sin él, de hecho, la obra no existiría.
ARCO es una feria y, como en el total de las ferias, se trata de comprar y vender. Pero además se negocia, se regatea, se intenta engañar, se hacen trampas y se pretende vender gato por liebre. Como en las viejas ferias de ganado de la plaza de Santa Clara que son uno de mis primeros recuerdos de infancia.
Lo que no impide que algunos expositores sigan queriendo presentar sus mercancías dentro de un marco de exquisito gusto, como sería el caso de Miguel Marcos , Leandro Navarro, Pelaires, Carreras Múgica. Lelong, Joan Prats y tantos otros. Pero los hay también que no solo no cuidan mínimamente las formas, sino que parecen más preocupados por sorprender con ocurrencias y brillos varios más propios de otro tipo de feria.
Lor rusos, que son los invitados, de todo como en botica. Pero hay más sorpresa por la calidad que por otra cosa. Los brillos que me han parecido más disparatados vienen, como los magos, de oriente.
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Martes, 01 de Febrero de 2011 10:11 |
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Cuando uno anda enfrascado en la localización de piezas para conformar el catálogo de alguno de los pintores que investiga, se le hacen los dedos huéspedes a la vista de cualquier resquicio que haga que una pintura pueda ser atribuida a "sus" pintores. Me ha pasado últimamente con una de las piezas que los organizadores de la exposición de Costa atribuían a Félix Lafuente por un comentario aparecido en revista especializada. Me empeñé en encontrar en el imaginario del pintor un paralelismo entre una de las figuras que aparecían en el Mercado de Graus, que era la pieza en cuestión.
Efectivamene en la catalogación de Lafuente había numerado un dibujo que contienen las colecciones de la familia que era una imagen especular de una de las figuras centrales de la composición. Pero debí darme cuenta de que los modelos son los mismos para toda la clase... y que es más que probable que Ramiro Ros y Félix Lafuente dibujaran el mismo modelo en el estudio del padre del primero, Manuel Ros durante el curso 1983-84, año en el que Lafuente dejó los estudios de latinidad y dedicó su tiempo íntegramente a dibujar, guiado por el entonces profesor de dibujo del Instituto de Huesca, que luego lo sería de la escuela de arte de Graus. Los primeros dibujos que he catalogado del oscense son copias que llevan el visto bueno de Manuel Ros y han de datarse, por tanto, entre los años citados.
El dibujo de la Plaza del Mercado es de Ramiro Ros, cuya firma pude ver aunque sea parcialmente en la parte superior derecha de la fotografía que reproduzco y que conserva la familia de Félix Lafuente en la que dicha firma aparece cortada. Sí se puede leer perfectamente, Graus Octubre de 1892, y algo más abajo del natural.
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Este comentario debería ir en color empanadico habida cuenta de que se trata de una crítica de arte, pro para favorecer la lectura voy a seguir con el negro. Ya que toda la anterior introducción viene a cuento por otra atribución que me ha tenido siempre algo preocupado por la importancia que tiene la obra: se trata de la decoración mural del palacio cordobés de los Viana, actualmente utilizado como espacio cultural de la Caja. Paco Zueras, en el vemú que tomamos en la plaza de Tendillas solo unos pocos meses antes de su fallecimiento, me había proporcionado un recorte del Diario de Córdoba, de su pluma, en el que hablaba de las pinturas del salón de Tobías y las atribuía a la mano de León Abadías. No existe (o no he sabido encontrar) la documentación que justifique la autoría por parte del pintor oscense.
Tampoco he tenido ocasión de catalogar su obra, pese a las promesas, y por ello cuando puedo ver alguna pieza de su mano, noto el cosquilleo atribuidor a flor de dedos.
Me ocurrió la pasada semana en el Centro Cultural del matadero, en la exposición que contaba con algunas piezas de León Abadías. Como este Daniel en el Foso de los leones, que inmediatamente me llevo a una de las paredes del salón en que se pintó la vida de Tobías. Creo que las imágenes hablan por sí solas y que acabaré encontrando la documentación que demuestre que efectivamente el salón de Tobías del palacio de Viana fue decorado por el entonces profesor de dibujo del Instituto General y Técnico de la capital andaluza. (Se me olvidaba advertir que la foto de Daniel es, como se puede apreciar, de un fotógrafo de verdad. En esta ocasión de Rafa Gobantaes)
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